El Estado es la Razón; la Patria el Corazón

Estamos acostumbrados a ver y a oír como los políticos y otros individuos expertos en todología cacarean en los grandes medios de comunicación intentando convencer a un público ya convencido de que sus propuestas son las más adecuadas para el buen funcionamiento de un país. Aunque en un principio pueden parecer muy variadas y aparentemente dispares no dejan de ser los mismos engranajes, resortes, de un sistema polarizado con multitud de ramas secas.

¿Quiénes tienen razón? ¿Acaso alguno la tiene? La respuesta es sencilla. Todos tienen razón, cualquier alternativa (aunque sea moderada o reformista)  puede funcionar si se aplica correctamente. ¿Cuál es el problema en este país? El arraigado sectarismo endémico que hace, que nos hace, creer que nuestro sistema es el mejor y va a funcionar porque desde el corazón estamos firmemente convencidos sobre ello. Es magnífico, no, es necesario, tener férreas convicciones sobre nuestra cultura, nuestro pasado, nuestra gente y sobre todo, el legado que vamos a dejar.

Todo ello, todas esas corrientes pasionales, no pueden ni deben mezclarse con las estructuras estatales. Esas características intrínsecas de cada pueblo del mundo se han de reproducir en la patria, un ente espiritual que alberga el ethos de los pueblos. No debemos caer, de nuevo, en el error de confundir la patria con la nación. En la práctica tienden a confundirse y a entremezclarse y en rara ocasión tienden a confluir y a mostrar lo mismo. La nación como invento burgués del XIX, inacabada en nuestro país, con la vertiente romántica de la primera mitad del siglo y la imperialista, belicosa y fratricida que se originó desde entonces hasta la Gran Guerra.

Patria y Estado 3

Esas naciones que buscaron más territorios, más producción, más riquezas o simplemente más prestigio obligaron a identificar a las personas con una tierra, con unas propiedades, en definitiva con lo material, a adscribirlas como si de vulgares siervos se trataran en un neo-servilismo capitalista.

Hemos de desprendernos de esas ideas para abrazar una nueva, muy vieja en realidad, concepción que nos permita adaptarnos al devenir de los tiempos. Una Europa llena de patrias que hay que conservar enmarcadas en una Patria Grande, a imitación de la idea que mostró el intelectual argentino Manuel Baldomero Ugarte para Iberoamérica pero aplicado en Europa. ¿Y el estado?

Guste o no tiene que seguir principalmente criterios tecnificados y racionales. Un estado fuerte y bien estructurado es el sostén de la patria. Ambas deben complementarse para garantizar el bienestar de sus ciudadanos, que debe ser el fin primero y último de la política. Un ejemplo claro y siempre controvertido es el tema de la inmigración. Podemos argumentar teórica, racional, económica o sociológicamente un control férreo de las migraciones. Pero también podemos apelar al sentimiento o a la identidad cultural para defender nuestra postura. En ese caso la razón y el corazón irían unidos.

Es posible que “racionalizar el estado” sea un término que recuerde en demasía al siglo XVIII y a las políticas ilustradas, pero actualmente ha de adquirir un nuevo significado para garantizar la sostenibilidad estatal. El armazón estatal como protector de la patria. También hay que tener en cuenta que el ethos de lo último no es inmutable, no es estanco, varía tanto por causas endógenas como exógenas, en mayor o en menor medida.

¿Es positivo o negativo? Ninguna de las dos, es algo que ocurre estemos de acuerdo o no. Viene determinado por la vigorosidad de un pueblo que está marcada por la dirección (¿direcciones?) que elija intentando que cada nueva generación sea mejor, o por lo menos continúe el camino, de la anterior. El estado debe estar dirigido de tal forma que garantice el bien común de la mayoría. Por su naturaleza no suele atender a otros criterios. Tampoco debe hacerlo ya que no tiene otra función. Entra en este campo los políticos, burócratas, funcionarios y demás individuos o grupos sociales dependientes directamente del estado. Personas que han de entender que trabajan para su pueblo, no para el estado físico ni para el enriquecimiento personal. En caso contrario deber ser juzgados por el imperio de la ley, sin ninguna vinculación política, económica, clientelar o similar.

Patria y Estado 2

La separación total de la justicia con el poder estatal permitiría la correcta aplicación de la ley. En los casos más severos en donde se atente contra la patria a través del estado (corrupción en todas sus vertientes, agudizadas desde la vuelta a la democracia) se han de estipular como delitos de lesa majestad. La corrupción estatal como el mayor crimen, máximo exponente del individualismo que afecta y destroza toda la sociedad y el bien común.

¿Cómo se puede solucionar estas inclinaciones naturales del hombre? Haciendo la política poco atractiva económicamente estableciéndola como un oficio por vocación. Al mismo tiempo aplicando un control periódico al funcionariado y a todos los integrantes de la administración.

La razón protege el corazón. El corazón bombea la razón.

Texto escrito por David Vioque para Cultura y Geopolítica

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s