Combatiendo el neoliberalismo

Desde que Adam Smith afirmase que el papel del Estado ideal debería limitarse a tres funciones (educación, defensa y justicia), el propósito de los liberales se ha centrado principalmente en reducirlo  a su mínima expresión. Incluso hay algunas corrientes que piden la abolición de los Estados por considerarlos un obstáculo para la creación de un único gobierno mundial al servicio del mercado global.

Así, se da la curiosa paradoja de que Adam Smith, considerado el primer teórico del liberalismo, a menudo es repudiado por los liberales, siendo acusado de defender tesis que actualmente se consideran antiliberales. Sin duda, este es un caso más de la revolución que, como Saturno, acaba devorando a sus hijos.

En su afán por reducir el papel del Estado, los pensadores liberales han elaborado un discurso altamente efectivo y difícil de rebatir. El discurso liberal, al basarse exclusivamente en un criterio economicista, es fácilmente medible: Las cosas valen lo que cada persona está dispuesta a pagar por ellas.

Esto implica que aquellos valores y conceptos abstractos como identidad, soberanía, cultura o tradición, al no ser cuantificables económicamente, no tienen valor alguno y quedan fuera del ámbito de interés de la ideología liberal. Y no es solamente que queden fuera de su ámbito de interés, sino que son rechazados por tratarse de cuestiones contrarias a la libertad del hombre.

Para el liberalismo, el hombre es meramente un individuo que se dedica a producir y a consumir. Esa es su naturaleza, por lo que cualquier otro tipo de vínculo con sus semejantes no tiene valor alguno y debe ser eliminado, al tratarse de cuestiones que lo alienan y lo alejan de su verdadera libertad.

En lo que respecta a la libertad, para el liberalismo un mundo libre es un mundo donde hay libertad de circulación de personas, productos y capitales. Un mundo libre es un mundo donde no son necesarias fronteras ni naciones, por tratarse de “fantasmas” que impiden al hombre ver la realidad y, en consecuencia, impiden su verdadera libertad. Esta verdadera libertad solamente la ofrece el mercado global, en el que un hombre puede hacer transacciones con otras personas situadas en las antípodas con la misma facilidad que si estas transacciones se hicieran con sus vecinos. Así, lo único verdadero y acorde a la naturaleza del hombre es el mercado global.

Por todo lo dicho anteriormente, en lo que respecta a la política, los liberales solo apoyarán aquellas decisiones de los Estados que vayan alineados con sus intereses, es decir, que los Estados tomen para reducir su peso y autodestruirse. Todas las demás decisiones serán criticadas por perjudicar la “eficiencia económica”.

Neoliberalismo_

Ningún ciudadano de buena voluntad se opondrá a que el Estado, dado que sus decisiones y sus impuestos tienen que ser soportadas por los ciudadanos, busque algún tipo de eficiencia económica. Sin embargo, llama la atención que sea el criterio de la eficiencia económica el que predomine en todas las decisiones del gobierno, por encima de otros muchos criterios que también deben ser tenidos en cuenta tanto o más que dicha eficiencia económica.

Pero lo que más llama la atención es que precisamente quienes piden la reducción del Estado son los que más se arriman al mismo, ocupando todos los puestos próximos al gobierno y montando todas las empresas que viven de trabajar para el Estado. Entre ellos no hay que olvidar a medios de comunicación liberales que se autodenominan “independientes” pero que a la hora de la verdad, sus directivos nunca rechazan una subvención pública procedente del gobierno de turno, ni un programa de la propia televisión pública financiada por el pueblo, desde donde promueven las múltiples ventajas de la economía liberal.

Y por si esto fuera poco, son estos mismos personajes quienes promueven la privatización de todas las empresas públicas rentables, las cuales adquieren a precio de saldo, mientras hacen presión para que sea el Estado quien asuma las consecuencias de su mala gestión, como ha ocurrido recientemente con el tema de la banca. Curiosamente estamos hablando de una banca que ahora propone que sean los trabajadores quienes se paguen su propio despido mediante aportaciones regulares. Esa misma banca que se dedicaba a comprar deuda pública al 10% y que no tenía liquidez para las PYMEs, condenándolas a la quiebra por falta de financiación. Y eso por no hablar de las estafas de las preferentes o la burbuja inmobiliaria.

Hace algunos años, cuando la crisis todavía no había llegado y la situación económica no era del todo mala, el discurso liberal podía sostenerse por sí mismo. Los problemas sociales provocados por él eran vistos como “daños colaterales”, como consecuencias inevitables del progreso. Sin embargo, a día de hoy, sumidos en una crisis de la que no nos vamos a recuperar, las ideas neoliberales no tienen forma de sostenerse. A todos los problemas sociales provocados por “el progreso” (inmigración masiva, reducción de derechos, corrupción, tensión social, inseguridad ciudadana, deterioro del sector público) hay que añadir los problemas económicos propios de la aplicación de políticas neoliberales (recortes, bajadas salariales, paro, desindustrialización, hambre, miseria, incrementos de las diferencias entre ricos y pobres…).

Paradójicamente los liberales siguen insistiendo en que esta situación tan catastrófica no es culpa de ellos sino de la intervención del Estado en la economía, por lo que siguen promoviendo mas medidas liberales y una menor intervención del Estado en la economía.

Esta es una característica del liberalismo: nunca habrá suficiente libertad en la economía hasta que no desaparezcan los estados y se cree un mercado global único. Por eso, el hecho de que los liberales estén tan arrimados al Estado solo responde a un objetivo: desmantelarlo progresivamente desde dentro hasta hacerlo desaparecer. Y en ese proceso de desmantelamiento, obtener todos los beneficios que sea posible.

Precisamente en esa línea va el TTIP, un acuerdo del que apenas se habla en los medios de comunicación, pero que ha levantado una gran polémica en las Redes Sociales y en Internet en general. El TTIP es basicamente un acuerdo entre Estados Unidos y Europa para “liberalizar” el mercado, haciendo más laxa la legislación y permitiendo prácticas que hasta ahora son prohibidas en Europa. De esta forma, cuestiones como la salud, los derechos, la ecología, la sostenibilidad pasan a un plano secundario, por no decir residual, mientras que el interés económico de los lobbys pasa a ser la prioridad. Sin lugar a dudas, se trata de una traición de nuestros políticos hacia sus votantes, puesto que ni les han pedido permiso (ni elecciones, ni consultas, ni referéndums, ni nada de nada), ni les han informado de nada.

Obviamente, que nuestros gobernantes entreguen la soberanía de la nación a los lobbys quiere decir que están más comprometidos con los lobbys que con la nación. Esa actitud solo tiene un nombre: Traición. Y como Traidores deben ser tratados por el pueblo.

Por todo ello es necesario acabar con el sistema liberal y alejarlo de la esfera del poder. Mientras no sea así, el pueblo estará condenado a la miseria más absoluta.

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