Derribando mitos: España, Europa y Occidente

Si hubiera que definir con una sola palabra la influencia de España en el actual contexto político mundial, la palabra sería “insignificante”.

La decadencia de España, que lleva teniendo lugar desde hace varios siglos, parece que ha llegado a una situación límite. Así, hoy se celebra en Cataluña una farsa electoral que, aunque no tenga sentido ni validez alguna, viene a demostrar la descomposición que existe en el país.

Si tenemos en cuenta las tesis que Ortega y Gasset expone en España Invertebrada, las cuales considero verdaderamente acertadas, veremos que una nación no es ni mas ni menos que un proyecto político en el que los ciudadanos colaboran, trabajan hombro con hombro para sacar esa nación adelante. Y la única fuerza que mueve a esos hombres es la fe en ese proyecto político, la ilusión en un brillante porvenir.

Viendo que el porvenir de los ciudadanos españoles es inexistente, que los mas preparados están optando por exiliarse y que trabajar duramente solo sirve para que unos cuantos vividores saquen tajada del pueblo, es normal que el país se encuentre en plena descomposición. Y donde hay un cuerpo en de descomposición, donde hay carroña, acuden inevitablemente los buitres.

Eso es lo que está ocurriendo. A España han llegado los buitres y se la estan comiendo. Por eso, mientras no haya un proyecto político serio a nivel nacional, el separatismo seguirá creciendo a pasos agigantados.

Es importante dejar claro que el separatismo no es ni bueno ni malo per se. Si bien es cierto que Cataluña y Euskadi, por poner dos ejemplos, nunca han sido naciones, eso no quiere decir que a partir de mañana no puedan serlo. Y eso tampoco quiere decir que no puedan llevar a cabo una buena estrategia política.

Sin embargo, teniendo en cuenta la situación geopolítica actual, donde las principales potencias las forman grandes civilizaciones, el separatismo no tiene sentido. Sería crear estructuras grandes para una influencia residual, lo que no tiene otro nombre que ineficiencia. Por tanto, son proyectos condenados al fracaso de antemano. Los políticos separatistas lo saben, pero no dudan en saciar su ambición generando falsas ilusiones en la gente.

Así, en lugar de buscar la desmembración de España, los ciudadanos españoles de cualquiera de sus regiones deberían preocuparse de cambiar su sistema de gobierno y de recuperar la soberanía, tanto política como monetaria. Y a partir de ahí, buscar la creación de un Estado Supranacional junto a otras naciones de tradición cultural similar a la nuestra.

Obviamente, al hablar de Estado Supranacional, no estoy hablando de la Unión Europea (UE). La Unión Europea, cuyos orígenes se remontan a 1951 con la fundación de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero) y con la posterior fundación de la CEE (Comunidad Económica Europea) en 1957, nació como un proyecto mercantil. Y con el paso de los años, ese carácter mercantil no ha desaparecido, sino que se ha agudizado, hasta el punto de que su principal interés ha sido promover la economía de mercado, el neoliberalismo, y reducir todas las cuestiones estatales a una lógica meramente economicista.

Políticamente, el proyecto de la UE solamente ha servido para imponer el sistema neoliberal a todos los países de Europa. Desde la creación de la UE, Europa ha ido perdiendo terreno en lo relativo a la política, siendo superada por potencias como Estados Unidos, Rusia, China, Israel o India. Y en lo relativo a la economía, a pesar de gozar de unas décadas de aparente crecimiento, la ruina se ha implantado en la eurozona, provocando graves diferencias entre los diversos países, disparando el desempleo, la deuda pública y la pérdida de los derechos propios de cualquier estado de bienestar.

Por este motivo, viendo que la UE no es una solución útil, Europa debe buscar un nuevo paradigma. Los países europeos, siendo conscientes de que son mas las cuestiones que les acercan que la que les separan, deben buscar la mejor forma de asociarse. Dicha asociación no debe guiarse exclusivamente por criterios económicos, sino que deben prevalecer otras cuestiones, mientras que la economía debe ser considerada un mero instrumento de la política para alcanzar un fin, y nunca al revés.

Las continuas interacciones entre los diferentes países europeos a lo largo de la historia han provocado que las diferencias entre ellos sean mínimas, mientras que las cuestiones comunes sean numerosas. Por eso, desarrollar una entidad supranacional basada en cuestiones culturales y políticas nunca será un obstáculo y nunca estará condenada al fracaso.

De este modo, Europa se librará de las cadenas del neoliberalismo y desarrollará su propio modelo político, social y económico. Un modelo que permita reconstruir la industria local, reducir el desempleo y reconstruir los sistemas de bienestar. Y así, con una Europa soberana, una Europa que no estuviese vendida a la finanza internacional ni fuese la hija bastarda del neoliberalismo, se podría recuperar el terreno perdido en la política, convirtiendose de nuevo en un gran poder hegemónico.

En lo que respecta al orden mundial, Europa tendría la capacidad de reconsiderar sus alianzas estratégicas. El primer paso sería renunciar a Occidente. El Occidente actual, como bien comentaba Alain de Benoist en su artículo “Occidente debe ser olvidado”, no es ni mas ni menos que una mezcla heterogenea de potencias que han abrazado el neoliberalismo, por lo que Occidente ha perdido su sentido tradicional.

Tras haber renunciado a formar parte del mundo neoliberal, Europa debería buscar sus alianzas estratégicas mas convenientes. Rusia, por proximidad y Sudamérica, por influencia histórica, podrían ser dos alternativas a considerar.

Europa España Occidente

Para llegar a esta situación es necesario un cambio de mentalidad. En numerosos países de Europa la democracia liberal se esta deteriorando y alternativas diferentes se están acercando al poder. Así, en el caso de España, la única alternativa al bipartidismo que ha ganado peso es Podemos, una formación de corte neomarxista. Aunque su discurso no es nuevo, ha sido capaz de generar cierta ilusión en el electorado, sacando al mundo de la política de su rutina pesimista.

En el caso de que ganase Podemos, algo nada descartable teniendo en cuenta las últimas encuestas publicadas por el CIS, ¿sería capaz de generar un proyecto político de corte nacional que permitiese llevar a cabo esta idea aglutinadora? ¿Y seria posible, en un segundo paso, formar parte de esa entidad europea supranacional?

Teniendo en cuenta que el marxismo es una ideología caduca que se ha mostrado ineficiente como alternativa política, las expectativas no son buenas. Si el marxismo no fue capaz de plantar cara al liberalismo, es poco probable que el tenga éxito a día de hoy. Además, la intención de Podemos, pretendiendo llevarse bien con todos los separatistas, dificulta la creación de un proyecto nacional serio. Respecto a la economía, lo mas probable es que haya una incertidumbre inicial que dificulte la inversión de los ciudadanos en nuevos proyectos empresariales. Por todo ello, lo mas probable es que la euforia inicial se convierta rápidamente en un pesimismo mas acentuado todavía, haciendo imposible cualquier colaboración internacional seria mas allá de sus idilios con Venezuela e Irán.

Texto original de Cultura y Geopolítica

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